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Violencia y Capital: Cómo Nació el Capitalismo según Marx

Karl Marx El Capital acumulación originaria capitalismo

José Schulman – Formación política y acumulación originaria

Damos inicio a este encuentro con compañeras y compañeros de distintos puntos de la Argentina —Jujuy, Gran Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Rosario— y también de Nuestra América: El Salvador, Venezuela, Colombia y Chile. Esta diversidad territorial reafirma el carácter internacionalista del curso.

Nos acompañan militantes, ex presos políticos, referentes de derechos humanos y docentes. Entre ellas, Lourdes Palacios, quien dirige el Comité de Familiares de Personas Perseguidas y Privadas de la Libertad, y Lina, profesora de historia colombiana, ex presa política del uribismo, hoy en Caracas. Es, sin duda, un curso profundamente latinoamericano.

Para optimizar el tiempo, avanzaremos en el contenido, sin impedir que quienes lo deseen puedan saludar o intervenir. Andrea actuará como presentadora y apoyo técnico.


La importancia de la formación política

Vamos a comenzar con un texto fundamental: el capítulo 24 de El Capital, publicado en 1867 por Karl Marx, dedicado a la acumulación originaria del capital.

Antes de entrar de lleno en el contenido, quiero fundamentar la importancia de la formación política en un tiempo histórico atravesado por el neoliberalismo y la cultura de la banalidad, que desalientan el estudio, la teoría y la lectura profunda, reduciendo el pensamiento a consignas breves y fragmentarias, como los caracteres de Twitter.

Para ello, recordaré dos anécdotas históricas reales que siempre me impactaron profundamente.

La primera tiene como protagonista a Lenin, dirigente de la Revolución Rusa. En medio de una crisis política que lo obligó a pasar a la clandestinidad, refugiado en las islas entre San Petersburgo y Finlandia, Lenin se dedicó a leer durante 10 o 15 horas diarias todo lo que Marx, Engels y otros autores habían escrito sobre el Estado. De esas lecturas y anotaciones surgió luego El Estado y la Revolución, una de las obras centrales del marxismo.

Imaginen hoy a un dirigente político latinoamericano, en una situación de crisis, que decida ponerse a estudiar de manera sistemática. No es algo habitual, pero fue decisivo en la historia revolucionaria.

La segunda anécdota involucra a Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara. Ya en el poder, tras el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, convocaron a un profesor español radicado en Moscú, conocido como Mancilla, para estudiar El Capital. En plena revolución, Fidel y el Che dedicaban las noches a la lectura y al estudio. En tiempos revolucionarios —como se decía entonces— no se duerme.

Traigo estos ejemplos porque muchas veces escuchamos decir: “No tengo tiempo para leer, tengo muchas tareas militantes”. Pero la formación teórica no es un lujo: es una necesidad política.


Formarse es un acto de rebeldía

Formarse teóricamente es un acto de rebeldía contra la cultura dominante, contra las modas culturales y contra el vaciamiento del pensamiento crítico. Nadie está formado para siempre, y menos aún en contextos de crisis civilizatoria como el actual.

En Argentina, a fines del siglo XX y comienzos del XXI, nos hizo mucho daño una corriente cultural que subestimó el papel del Estado, inspirada en teorías como las de Toni Negri, que afirmaban que el Estado había desaparecido y que el imperialismo territorial ya no existía. Estas ideas, hoy claramente absurdas, fueron muy influyentes y dieron lugar a expresiones políticas como la de Luis Zamora, que predicaban darle la espalda a la lucha por el poder.

Esa matriz ideológica fue una de las causas culturales de la frustración de la rebelión popular de 2001: una enorme movilización que no logró cambiar el rumbo histórico.

En paralelo, se desarrolló el llamado Consenso de Buenos Aires, impulsado por sectores del Partido de los Trabajadores de Brasil, que consideraba agotada la vía insurreccional, idolatraba la vía electoral y reducía el programa transformador a reformas mínimas. Diez años después, esos límites se expresaron claramente en los gobiernos progresistas.


Crisis histórica y posiciones en disputa

Frente a crisis profundas —como la actual o como la implosión del llamado campo socialista hace 30 años— suelen aparecer tres posiciones:

  1. Negar la crisis, sosteniendo que “no pasó nada”.
  2. Aceptar la derrota histórica, concluyendo que solo queda subordinarnos al imperialismo.
  3. Asumir el desafío de pensar críticamente, como lo hicieron Fidel Castro, Schafik Hándal, Marulanda y otros dirigentes revolucionarios que se negaron a borrar el horizonte socialista.

Este proceso de formación se inscribe en esa tercera posición: pensar con cabeza propia desde el marxismo, comprender la realidad para poder transformarla, por dura que sea.


El recorrido del curso

El curso no es una suma desordenada de temas, sino un recorrido pensado:

  1. La acumulación originaria del capitalismo (Capítulo 24 de El Capital).
  2. El imperialismo, fase superior del capitalismo, de Lenin, con especial énfasis en el lugar de América Latina en el sistema mundial.
  3. El Estado y la Revolución, para comprender el carácter de clase del Estado.
  4. La organización y la táctica revolucionaria, a partir de Dos tácticas de la socialdemocracia y ¿Qué hacer?.

Lenin ya señalaba en 1916 a la Argentina como una semicolonia, analizando su endeudamiento externo con Inglaterra. Antes de que muchos críticos nacieran, Lenin ya había estudiado nuestro país.


Capitalismo, Estado y organización

Demostraremos que el capitalismo es un proceso histórico y, como tal, no es eterno ni fatal. Puede desaparecer y dar lugar tanto a algo peor como a una superación socialista.

Analizaremos también el Estado, entendiendo que no es neutral, sino un instrumento de dominación de clase. Por eso, reducir la política a la mera intervención estatal deja al movimiento popular sin estrategia.

La lectura de Lenin nos permitirá pensar la organización, la fuerza propia y la táctica revolucionaria desde nuestra realidad concreta, sin copiar modelos históricos de manera mecánica.


El Capital como proyecto político

El Capital no es solo un libro: es un proyecto político. Marx dedicó 20 años a su elaboración y lo consideraba un arma de combate contra la burguesía. Su enorme virtud es poner en crisis el sentido común, tal como más tarde plantearía Paulo Freire con la educación popular.

El capitalismo no es natural, eterno ni invencible, aunque hoy se nos intente convencer de lo contrario con frases como “no hay alternativa”.

Marx no ofrece respuestas mágicas: nos propone un método para mirar la realidad.


Lo común, la propiedad y la acumulación originaria

El comunismo no nace de un escritorio, sino de la lucha de clases. Históricamente, puede entenderse como el intento de cumplir las promesas incumplidas de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad.

Desde Olympe de Gouges, guillotinada en 1793 por proponer la supresión de la propiedad privada, hasta las luchas campesinas y originarias en América Latina, la defensa de lo común ha sido una constante histórica.

En Europa, la acumulación originaria implicó la destrucción de las tierras comunales. En América, implicó el genocidio de pueblos originarios. En Argentina, incluso antes de Marx, se acusaba a los pueblos indígenas de “comunistas” por no aceptar la propiedad privada.

Ese proceso no terminó: continúa hoy bajo nuevas formas.


Dialéctica, trabajo y plusvalía

La obra de Marx es profundamente dialéctica. Nada es estático, todo cambia, los cambios cuantitativos producen saltos cualitativos, y la historia avanza en espiral.

Marx parte de la mercancía para explicar el capitalismo y demuestra que existe una mercancía única capaz de crear más valor del que cuesta: la fuerza de trabajo humana. De allí surge la plusvalía, base de la riqueza capitalista.

Pero ese proceso solo es posible porque existe el Estado, que garantiza por la fuerza la reproducción de la relación capital-trabajo. No hay capitalismo sin Estado.


Cierre de la primera parte


Seguimos 💪📚

 


Muy bien, seguimos.
Bueno, ¿aguantan un rato más o están exterminados? Bueno, seguimos. No tengan pánico. Sobre esto vamos a volver el lunes que viene y el otro lunes. Es la parte más difícil, posiblemente. Y bueno, vamos a seguir y volver y volver, ¿no? Así que seguimos.

Bien. Entonces, ¿por qué es tan importante el capítulo 24? Yo intentaré no contarles el capítulo, sino inducirlos a que lo lean.

Básicamente, lo que va a decir Marx es muy importante porque el propio Marx va a decir lo siguiente:
“Miren, en los 23 capítulos anteriores les expliqué cómo se genera la mercancía, la relación mercantil, cuál es el secreto del capitalismo —que es la plusvalía—, que el capital no es otra cosa que plusvalía acumulada, etcétera, etcétera”.

Y es cierto que ese proceso de producción mercantil ha ido generando una acumulación de capital. Pero no alcanza, no alcanzaba, no alcanzó. No era suficiente para poner en marcha el capitalismo como sistema mundial.

A ver, hagamos un ejercicio muy, pero muy de Twitter. Por ejemplo, en Argentina la franquicia de McDonald’s vale un millón. Es decir, piden 50.000 dólares propios y un crédito de 250.000. De nuevo: para poner en marcha un McDonald’s —ya sabiendo que hay que tener un local, herramientas, materia prima y trabajadores— se necesita alrededor de un millón de dólares.

Entonces, traten de pensar esto o pregúntenle a cualquiera: ¿cuánto se necesitaba para poner en marcha el capitalismo?
Si para poner un McDonald’s se necesita un capital inicial de un millón de dólares, ¿cuánto necesitaban para poner en marcha la industria textil, la navegación por vapor, la producción de azúcar, de algodón, de tabaco, de alimentos para el mundo?

Eso no se podía resolver por el camino “natural”, entre comillas, de la plusvalía.

Entonces, el capítulo 24 es fundamental porque va a decir que la acumulación originaria del capitalismo —la formación de ese capital inicial— no es producto natural de las relaciones mercantiles ni de la explotación capitalista. Es un esfuerzo de violencia individual y social sobre los trabajadores.

La idea fundamental de Marx es que la acumulación originaria es el resultado de la violencia, de una violencia que se convierte —y ahora lo voy a leer textualmente— en una fuerza económica real.

Ahí aparece una idea tremendamente útil para entender el mundo: lo extraeconómico es el modo de resolver el crecimiento económico.
Entonces podemos pensar que la hegemonía cultural no se resuelve por caminos culturales, sino con violencia.

¿Cómo lograron liquidar las religiones de los pueblos originarios e implantar el cristianismo apostólico y romano? Con violencia.
¿Cómo destruyeron las formas de relaciones sociales, sexuales y familiares de los pueblos originarios e implantaron la monogamia heterosexual? Con violencia.
¿Cómo lograron instalar el neoliberalismo como modelo de desarrollo en América Latina? Con violencia.

Esta idea del capítulo 24 —que el desarrollo económico depende de un factor extraeconómico, la violencia— no solo es clave para entender el funcionamiento económico del capitalismo, sino para entender el capitalismo como civilización.

Ahora voy a leer algunas frases del propio Marx donde describe distintos mecanismos extraeconómicos de acumulación económica.

¿Se entiende? Mecanismos de violencia que generan un fondo de capital inicial.

El que más describe Marx es la expropiación de las tierras de los campesinos ingleses y la destrucción de todo lo que alguna vez fue colectivo. Es un texto interesantísimo. Muy probablemente nunca hayan leído que en Inglaterra hubo verdaderas guerras campesinas.

Yo hace poco leí un texto maravilloso sobre esta lucha de los campesinos ingleses en defensa de lo colectivo. Se los voy a pasar. No es obligatorio, pero es literatura pura.

Hubo combates donde el ejército inglés movilizó 10.000, 15.000, 20.000 soldados armados contra campesinos. Todo esto ocurre entre 1200 y 1500. En 1215 está la Carta Magna, y hacia 1500–1600 ya habían liquidado lo colectivo campesino en Inglaterra y Europa.

Hay una anécdota: el único caso judicial que Karl Marx asumió como abogado fue la defensa de campesinos alemanes acusados de robo por cortar leña en un bosque que ellos consideraban comunal y que el rey había expropiado. Estamos hablando de 1840, y todavía existía en los campesinos la idea de que los bosques eran propiedad común.

Marx habla también de las leyes antiobreras, que crearon una masa de trabajadores despojados no solo de su propiedad individual basada en el trabajo, sino de todo derecho. Incluidos niños y mujeres. Diría que, en primer lugar, niños y mujeres.

La propiedad individual basada en el trabajo es central en Marx. Bajo el feudalismo, los campesinos no solo trabajaban la tierra del señor feudal, sino que también tenían derecho a parcelas comunales y a una pequeña parcela propia para subsistir.

Otro mecanismo es la política impositiva y la creación de la deuda pública. Estamos acostumbrados a pensar que los impuestos se crearon para ampliar derechos. No. Los impuestos se crearon para quitarle riqueza a los trabajadores y ponerla al servicio de la burguesía a través del Estado.

La obra pública —caminos, puertos, urbanización— beneficia a los ricos, porque permite concentrar obreros en ciudades. Londres fue la primera ciudad de la historia en concentrar cientos de miles de obreros que no producían alimentos.

Esto conecta con Argentina: pocas llanuras producen carne a gran escala —Australia, Estados Unidos y Argentina—. Inglaterra pierde sus colonias norteamericanas y convierte a Argentina en una neocolonia productora de carne. Eso explica por qué la exportación de carne impacta directamente en el precio interno.

Hasta ahora, Marx mencionó:
– Expropiación de tierras comunales
– Liquidación de derechos obreros
– Leyes contra la vagancia
– Sistema impositivo
– Deuda pública

Luego dice algo central:
“El capitalismo nace chorreando barro y sangre.”

El saqueo de América, Asia y África; el reparto colonial del mundo; el esclavismo convertido en producción industrial. Todo eso forma parte de la acumulación originaria.

En definitiva, para Marx, todos los procesos históricos de la acumulación originaria no son otra cosa que formas de violencia estatal y de clase.

“La violencia es la partera de la historia.”

Esto desespera a progresistas, socialdemócratas y reformistas de todo tipo.

Aquí introduzco una pregunta que responde Immanuel Wallerstein con su teoría del sistema-mundo: el capitalismo no es solo un sistema económico, es una civilización global que organiza la vida entera.

El capitalismo como sistema mundial es el resultado de la expansión colonial europea hacia América, Asia y África.

Wallerstein discute algo clave: si seguimos a Marx, el capitalismo debería surgir de la forma más avanzada de la formación anterior. Pero la más avanzada no era Inglaterra, sino China.

China comerciaba con el mundo, no conquistaba territorios. Tenía una organización interna estable, autocomplaciente, y una enorme soberbia cultural: China se llamaba a sí misma “el centro del mundo”.

China recién establece relaciones diplomáticas con América Latina en el siglo XX. No le interesaba el mundo.

Esto ayuda a entender por qué no podemos esperar de China lo que no va a dar. Como decía el Che: no esperar peras del olmo.

Vuelvo a Marx. Marx no es un economista técnico. Es un filósofo. Piensa en categorías.

Una clave es superar la reificación: en lugar de ver relaciones sociales, vemos cosas. No vemos dominación, vemos el instrumento (la picana, el fusil). Para Marx, lo central son las relaciones humanas.

El poder es una relación. Si los dominados se rebelan, la relación se rompe. De ahí su profecía revolucionaria.

Ahora leo el núcleo del capítulo 24:

“El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, el exterminio y esclavización de la población aborigen, la conversión de África en un cazadero de esclavos, tales son los albores de la producción capitalista.”

Estos procesos “idílicos” —dice Marx irónicamente— son los factores fundamentales de la acumulación originaria.

Luego habla de la guerra comercial, del reparto colonial, de las guerras del opio en China.

Las etapas de la acumulación originaria se concentran en España, Portugal, Holanda, Francia e Inglaterra, y se sintetizan en Inglaterra mediante el sistema colonial, la deuda pública, el sistema tributario y el proteccionismo.

La violencia es la partera de toda sociedad nueva.

La expropiación de los productores directos constituye la primera negación: se niega la propiedad privada individual basada en el trabajo.

Luego se impone la propiedad privada capitalista, basada en la explotación de trabajo ajeno formalmente libre.

Aquí aparece la alienación del trabajo: el productor es separado de sus medios y de su producto. Esto produce deshumanización.

Cada ciclo capitalista destruye competidores, concentra riqueza y desnacionaliza el capital. No es una anomalía: es el funcionamiento normal del capitalismo.

El capitalismo construye su propio sepulturero.

Donde otros ven miseria, Marx ve la fuerza que puede destruir el sistema.

Esa es la apuesta histórica de Marx. Nos vemos la semana entrante.


Bibliogafia recomendada:

Seminario Modulo 1,1

Modulo 1.2

Seminario Modulo 1,3

Modulo 1.4

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