La querida presencia del Negrito, el Ciego y el Teniente Marcelo. A treinta años de la muerte del Ciego, un colegio se pone el nombre del Negrito y Marcelo levanta su puño en alto.
El no quería morir así. Si hay que morir, pensaba, que fuera con el fusil en mano defendiendo la Revolución Cubana, su segunda patria, o en una marcha popular en su Rosario añorado. Pero no…






