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El día que conocí a un General democrático

Entre los años 2010 y 2015 realicé una serie de viajes a la hermana república del Paraguay.  Primero contribuimos a organizar un seminario sobre el Plan Cóndor, viaje en que fuimos recibidos por el único presidente no continuista del stroessnerismo, el religioso Lugo, y también conocimos la tenebrosa cárcel de Tacumbú donde estaban los seis campesinos paraguayos traicionados por el gobierno peronista de entonces que primero los invitó a venir al país para luego detenerlos y entregarlos al régimen paraguayo, que todavía hoy los mantiene privados de la libertad.

En esos viajes conocí una cantidad importante de lideres populares e intelectuales importantes con los cuales cultivé una amistad de compañeros de lucha: Najeeb Amado, secretario del partido comunista; el Ingeniero Ricardo Canese que luego fue diputado al Parlasur por el Frente Guazú, el padre Pay Oliva, un jesuita referente de casi toda la militancia, a los líderes campesinos presos Agustín Acosta y Rubén Villalba, al único funcionario estatal dedicado a la búsqueda de los cuerpos de los desaparecidos y asesinados por la dictadura de Stroessner, el compañero Rogelio Goyburú.

Pero de todos ellos, el que mayor impacto cultural y emotivo me produjo fue la gran personalidad de Luis Carlos Casabianca, el último sobreviviente de la generación de comunistas que enfrentó, casi en soledad, la dictadura.  Sobre él escribí en su momento una nota https://cronicasdelnuevosiglo.com/2015/10/29/solia-escribir-con-el-dedo-grande-en-el-aire-se-llamaba-carlos-luis-casabianca-y-se-nos-fue-esta-madrugada-al-cielo-de-los-revolucionarios/

Fue Luis el que me llevó a conocer al General Luis Bareiro Spaini, militar del arma de artillería que había alcanzado el rango de General en 2004 y designado ministro en agosto de 2008 por el presidente Lugo.

El General vivía en una casa que bien podría clasificarse de capas medias de Asunción, nada de lujos ni seguridad especial, nos atendió sin colaborador alguno, el mismo nos sirvió mate.

Yo tenía dos preguntas en mi morral: una era por qué lo  había echado Lugo en agosto de 2010 y la otra era sobre las acciones conjuntas con la Ministra Nilda Garré, la única excepción democrática en un cargo que siempre estuvo ocupado por cipayos como Petri o pusilánimes que prefiero no recordar sus nombres.

El General tenía un recuerdo de alta valoración de Nilda, recordaba su valiente gesto en distinguirlo con la orden General San Martín cuando lo acosaba la derecha paraguaya y la embajada norteamericana; también valoraba mucho algo que yo directamente ignoraba que fueron los esfuerzos en el UNASUR por crear un CONSEJO DE SEGURIDAD con una nueva doctr4ina de seguridad que rechace la de “seguridad nacional” y las sucesivas doctrinas yankees para la región.

Para ser honesto, yo nunca había hablado con un General pero tampoco había hablado antes con un profesional de la estrategia militar y un solido conocedor de la geopolítica regional. 

Luego refirió, sin mucho entusiasmo, a las campañas de las derechas: que había permitido un campamento educativo de las juventudes de izquierda en establecimientos militares, cosa que  no era ilegal ni ilegitimo y que él pensaba como parte del proceso de reencuentro de los militares con el movimiento popular y luego por sus críticas a la embajada norteamericana por sus afirmaciones injuriosas. 

Ya no recuerdo si fue él o Luis Carlos que me contaron la última conversación con Lugo: el presidente le pide la renuncia y el General le dice, ud. se equivoca, yo soy su más leal defensor y sin mi Ud durará poco en el cargo; Lugo lo echo en Agosto del 2010 y a él lo echaron en junio del 2012 en un juicio político donde se llegó a decir que como el caso era publico no necesitaba ser probado, levantaron las manos y lo destituyeron.

Ese día, Casabianca fue a proponerle a Lugo que resista, que el partido Comunista estaba dispuesto a defenderlo del modo que hiciera falta, pero Lugo le dijo que el pueblo paraguayo no quería pelear.

Luis Carlos se enojó tanto que me lo contó varias veces y termino escribiendo  un libro sobre lo que el pueblo paraguayo había hecho para resistir la dictadura: Clandestino y bajo agua: crónicas del pueblo insurrecto» que publicó ese mismo año.

Del proyeco del General Bareiro y la Ministra Garré se podría decir que no queda nada, sin embargo, yo diría que nos queda un sueño, de esos que son difíciles de conquistar pero más difíciles de destruir.

La próxima, ya sabemos, Consejo de Seguridad y nueva doctrina militar; y hasta tenemos algunos borradores.

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1 comentario en «El día que conocí a un General democrático»

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