Es para salvar al genocida sionista israelí y renunciar a reclamar por Nicolás Maduro
Nadie nos regaló nada, ni nada se creó por simple voluntad imperial.
Las Naciones Unidas, las declaraciones fundacionales sobre el carácter unviersal de los derechos humanos, la condena al genocidio y las normas que dificultaban la justificación imperial de las guerras fueron uno de los resultados tangibles de la victoria del Ejército Rojo sobre la Alemania Nazi, defendidos y a veces asmplaidos por la lucha democrática de los pueblos. Entre los cuales resalta la derrota política de las dictaduras militares que asolaron la Patria Grande durante décadas, y que hoy vuelven con el rostro grotesco de los neo fascistas.
La creación de la Corte Internacional de Justicia se produjo en 1945 y su origen es inescindible de los Juicios de Nuremberg, fue posible en el clima pre guerra fría que luego introduciría el equilbrio militar y la disuasión nuclear para impedir la guerra final relativizando su ejercicio
La Corte Penal Internacional, al contrario, se crea como uno de los resultados de la derrota de la Unión Soviética en la guerra fría (1945/1990) en 1998 pero tras un largo reclamo de los pueblos del sur, el argentino en especial, que reclamaban sancionar como delito la desaparición forzada y la creación de un Tribunal que permitiera llevar a juicio a los genocidas por sus responsabilidades individuales.
Ninguna de las tres súper potencias resultantes del nuevo orden internacional post socialismo: los Estados Unidos, la República Federativa de Rusia y la Republica Popular China firmaron jamás su estatuto preservando los derechos monopólicos que les otorgó la Asamblea General de las Naciones Unidas al otorgarles derecho unilateral al veto de las resoluciones del Consejo de Seguridad, único ámbito cuyas resoluciones son obligatorias para las Naciones Unidas.
Los primeros años de la Corte se marcaron por las condenas a diversos genocidas: Ruanda, la guerra de los Balcanes y en 2025, el de Sudan.
Muchas cosas para debatir, cierto, así como mucho para discutir sobre el Estatuto de Roma que le dio origen; pero nada eso molesta a Trump, sus cómplices y súbtitos.
Lo que enfurece al imperio es la denuncia del Estado Palestino ante la Corte Penal Internacional, de la que nosotros mismos construimos colectivamente durante años, que luego asumiera Sudafrica y otros países y logró por vez primera poner en el banquillo de los acusados al monstruo fascista sionista israelí.
No somos nosotros los que vamos a embellecer las agencias internacionales de derechos humanos (ni las de la ONU ni las de la OEA) pero mucho menos vamos a ser cómplices de la destrucción de estos espacios que, en el retroceso generalizado de las fuerzas democráticas y populares han pasado a ser precarias defensas contra el neofascismo.
La decisión de la Presidenta encargada (pocas veces un cargo formal designa la esencia de su labor: servir al imperio como un mayordomo inglés a su Lord) Delcy Rodríguez de abandonar la Corte Penal Internacional, aplaudida al instante por su mandante imperial no va a engañar a nadie y condena a sus complacientes aplaudidores al repudio de todas y todos los que seguiremos luchando por todos los derechos para todos, empezando por el de la autodeterminación de los pueblos.
Mientras seguimos apoyando la causa contra Netanyhau, desde la Coordinadora Americana por los Derechos de los Pueblos y otros construimos un Tribunal Etico contra los crímenes de Trump y sus cómplices que se realizará en Mexico este octubre; allí por supuesto que nos haremos cargo de los presos que los gobernantes de Venezuela han abandonado como muestra de su claudicación repugnante.
Libertad a Nicolás Maduro y los más de dos mil quinientos presos políticos del Imperio
Fuera yankee de Venezuela y toda la Patria Grande
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