diversos usos de un concepto polisémico
La acepción literal: zona gris es un concepto que se usa en diferentes áreas para describir un espacio de ambigüedad, un terreno intermedio entre dos extremos claros como la paz y la guerra, o lo legal y lo ilegal. la lealtad y la traición, la revolución y la contrarrevolución. Chavez y los Rodríguez.
Desde el tres de enero todo es ambiguo, nada es seguro. Todo es secreto para el gobierno y el partido gobernante: ¿de verdad se rindieron en quince minutos?; ¿cuáles son los términos de esa rendición?, ¡cuáles son los mecanismos de consulta/conducción entre el fascista Marcos Rubio y la auto percibida continuidad táctica del chavismo Delcy Rodríguez? ¿Por qué entregaron al ciudadano venezolano Alex Saab a los torturadores de la CIA? ¿Por qué era de la CIA? ¿Por qué renuncian a la Corte Penal Internacional si la que sigue el caso territorial es la Corte Internacional de Justicia? ¿Y qué hacen la CIA y el MOSSAD instalados como dueños en Caracas? ¿Cuántos millones de barriles se acordó entregar para salvar vuestra vida? ¿liberarán a Maduro como parte de la negociación o ni siquiera eso pidieron? ¿Están cómodos allí, en el fondo del basurero de la historia o todavía algo los conmueve?
La acepción moral de Primo Levy.
Los nazis no solo persiguieron y asesinaron con los judíos, también negociaron y acordaron con ellos. A gran escala, en 1933, en el llamado acuerdo de Haavara con la Federación Sionista de Alemania y la Agencia Judía mediante el cual unos sesenta mil judíos alemanes pudieron emigrar a Palestina ocupada entonces por Inglaterra llevando sus ahorros mediante transacciones bancarias. Sin ese carácter de acuerdo formal, con retribución económica para Alemania, hubo otros acuerdos para salvar a judíos ricos que “literalmente” vendieron su alma la diablo.
Pero también hubo acuerdos a pequeña escala, en los campos de exterminio y en los guetos, los nazis nombraban colaboradores judíos llamados “kapos” y “judenrast” que obtenían pequeñas mejoras en el infierno y casi todos terminaban asesinados igual que el resto de los prisioneros. La rebelión del gueto de Varsovia también se hizo contra esos judíos serviles al nazi fascismo los cuales fueron ejecutados de acuerdo a los protocolos de la insurrección antifascista en todo Europa.
En su libro clásico: “Si esto es un hombre” (Se questo è un uomo en el titulo original en italiano) Primo Levy, un judío italiano sobreviviente de los campos de exterminio denomina como una zona gris aquella en la que mueve alguien que entró como prisionero pero luego es carcelero de sus propios compañeros.
Allí Primo Levy plantea problemas morales que sacudieron la conciencia de los que enfrentaron las dictaduras militares de todo tipo y tenor: hasta donde el temor a la muerte legitima acciones de colaboración con el enemigo.
Debates de este tipo han sido asumidos por intelectuales que pasaron por la prueba de la tortura y es particularmente útil la obra del español Jorge Semprún que fue prisionero de los nazis, combatiente contra Franco, secretario del Partido Comunista de Madrid en los sesenta y luego Ministro de Cultura del gobierno socialista del reino de España. Semprún, educado en la tradición comunista relata en su obra póstuma “Ejercicios de supervivencia” como venció a los torturadores quitándole veracidad a las teorías de lo imposible.
Por mi parte relaté mi experiencia (en alguna medida similar a la de Semprún) en una novela escrita hace veinte años titulada “Los laberintos de la memoria” y fui parte de quienes decidimos defender ante el Poder Judicial la doctrina “Perez Eaquivel” que plantea que desde el punto de vista jurídico la responsabilidad final y total de los crímenes cometidos por alguien privado de su libertad y con peligro de vida, corresponde a sus captores estatales, reservando para otros ámbitos el debate de la responsabilidad política y los deberes éticos.
Dificil que alguien acepte equiparables las condiciones de un detenido desaparecido argentino recluido en un centro clandestino con las condiciones en que toma decisiones Delcy Rodríguez, sin embargo, en el futuro, no podrá despegarse de los invasores del tres de enero
La problemática es muy amplia y todavía hiera la sensibilidad de los sobrevivientes y familiares, algunos de los cuales esgrimieron la teoría del “trabajo esclavo” para justificar sus prácticas de colaboración con la dictadura y otros se alinearon con las ideas de Hanaah Arendt sobre la responsabilidad de las personas en cuanto al avance de las dictaduras.
Por ahora, solo diré que la experiencia histórica es que aquellas personas que ceden a las amenazas y torturas, les será muy difícil detener el camino de la colaboración que irá hacia una zona gris en que ni él mismo sabrá si está actuando o colaborando de verdad.
Como en casi todo los demás temas en debate, el tiempo dirá de que lado está la verdad.
La acepción sociológica de Javier Auyero, sociólogo argentino formado intelectualmente en los EE-UU. Propone suponer que en los territorios hay una zona gris donde confluyen y se superponen y combinan sus acciones la mafia delictiva, el poder judicial, las fuerzas policiales y des seguridad y las autoridades políticas.
La permanencia en sus sillones de los mismos que fingían ser revolucionarios chavistas y que en quince minutos, según el relato oficial, decidieron colaborar con el gobierno de los EE.UU. con el Comando Sur de la Armada Norteamericana, con la CIA y otras agencias, con las petroleras que ya se han llevado más de cincuenta millones de barriles de cuya venta han depositado una ínfima suma a la que acceden los gobernantes venezolanos sobre los cuales, dado su degradación moral y ética pornográfica cabe esperar que se hayan cobrado una comisión o cuota de socio de la mafia
Quién toma las decisiones en Venezuela: Donald Trump, Marcos Rubio, los hermanos Rodriguez la cúpula militar y de la seguridad venezolana convertidos en marionetas de Ejercito de los EE.UU:, los empresari0s norteamericanos o los de Fedecamara, la organización empresarial ven3ezolan protagonista principal del intento de golpe de 2002 que hoy es parte indiscutida del gobierno real
La derrota de la revolución bolivariana es casi una incognita shakespereana: quién la mató, cuándo, quienes resistieron y quienes traicionaron; existió o solo fue un espejismo flotando en una laguna de petróleo
Federico Engels decía que lo más doloroso de las derrotas es que los pueblos olvidan la razón de sus luchas y Carlos Marx afirmaba que más grave que ser derrotado es retirarse de la escena sin luchar, como los rusos del partido bolchevique en 1990 o el pusilánime de Boric y sus aliados del gobierno chileno.
Gran parte de esa tarea le corresponde a los venezolanos con dignidad, a los que lloran en silencio tanta humillación a los que acompañeremos cuando se decidan a defender su historia.
Por ahora, les recuerdo el final de “la Revolución es un sueño eterno” que dialoga con nuestra primera gran derrota, la de 1810, con la voz, ahogada por el cáncer de lengua de Castelli, el más grande orador de la Revolución y la pluma de Andrés Rivera.
¿Qué nos faltó para que la utopía venciera a la realidad?
¿Qué derrotó a la utopía?
¿Por qué, con la suficiencia pedante de los conversos, muchos de los que estuvieron de nuestro lado, en los días de mayo, traicionan la utopía?
¿Escribo de causas o escribo de efectos?
¿Escribo de efectos y no describo las causas?
¿Escribo de causas y no describo los efectos?
Escribo la historia de una carencia, no la carencia de una historia.
Aun guardo esperanzas de que exista algún plan que no conozcamos, pero después de escuchar a Delcy Rodriguez, me dio vergüenza y casi ya no espero nada. Ojalá me equivoque.